En el siglo I a.C, la zona oriental de la península pasó a formar parte del Imperio Romano. Cuando este cayó, Crimea quedó bajo la influencia del Imperio bizantino, cuyo lider fue Kiev Vladimiro el Grande.
Entre el siglo XII y el XV, Crimea fue testigo de la llegada de los kipchaks, las tribus túrquicas, a los que siguieron los mongoles de la Horda Dorada. Los venecianos y los genoveses también
se asentaron en la península en los siglos XIII y XIV.
Los tártaros
de Crimea, como grupo étnico diferenciado, aparecen en la península a
comienzos del siglo XV. En 1441, después de acabar con la Horda Dorada,
fundaron el Kanato de Crimea, un Estado sucesor del imperio de Gengis Khan.
Durante más de trescientos años, bajo la protección del Imperio Otomano, el Kanato de Crimea controló no solo la península de Crimea,
sino también las estepas al norte del mar Negro que hoy forman parte de
Ucrania y Rusia.
La región esteparia que se extiende entre las tierras ucranianas y Crimea estaba habitada por ucranianos y tártaros. Los cosacos del Sich de Zaporozhia
comerciaban en la península importando sal y pescado. Los cosacos
ucranianos se aliaron ocasionalmente con los tártaros de Crimea para
combtir a los polacos y a los turcos,
representantes de los dos imperios bajo los cuales vivían los ucranianos y
los tártaros de Crimea, respectivamente. Ambas naciones también se
enfrentaron entre sí por el control de la estepa.
En 1768, Crimea se convirtió en un campo de batalla entre los imperios ruso y otomano.
El Kanato de Crimea se independizó por poco tiempo, y ya en 1783 fue
incorporado al Imperio ruso. Hay que mencionar que, después de adueñarse
del Kanato, la Emperatriz rusa Catalina II
abolió la soberanía de la administración estatal de los cosacos de
Ucrania, suprimió los regimientos cosacos –que habían combatido al
Imperio otomano al lado del Ejército ruso– e implantó el régimen de servidumbre en Ucrania oriental. A partir de ese momento dio inicio la colonización rusa de Crimea y de lo que hoy es la Ucrania meridional.
En 1854 y 1855 Crimea fue escenario de la guerra entre Rusia,
por un lado, y la alianza formada por Francia, Gran Bretaña, Cerdeña y
el Imperio Otomano, por el otro. Aunque Rusia perdió Sebastopol y la
guerra, conservó Crimea de resultas del Tratado de París.
A lo largo del siglo XIX, la población tártara de Crimea se redujo en dos tercios debido a que fue obligada a emigrar a territorio otomano. Según el censo de 1926, los rusos de Crimea representaban el 42%; los tártaros, el 25%; los ucranianos, el 10%; y el resto eran alemanes, judíos, griegos, búlgaros, armenios y miembros de otros grupos étnicos. En 1944, con la pretendida acusación de que los tártaros colaboraban con la Alemania nazi, Stalin deportó a cerca de 200.000 tártaros de Crimea a Asia central y el interior de Rusia. Los alemanes, los griegos y los búlgaros también fueron perseguidos y deportados. Casi la mitad de los tártaros desterrados murieron de hambre y enfermedad. Los tártaros de Crimea no fueron rehabilitados y autorizados a volver a su patria hasta 1989.
La propaganda del Kremlin, justificando la actual anexión de Crimea, afirma que el territorio fue un regalo que Nikita Jrushov hizo ilegalmente a Ucrania en 1954. En realidad, la transferencia de Crimea no fue un regalo, sino una carga para la Ucrania soviética. Después de la Segunda Guerra Mundial y las deportaciones masivas, Crimea estaba devastada y despoblada.
Tras la caída de la Unión Soviética, Crimea pasó a ser
parte de Ucrania. En 1992, el Consejo Supremo de Crimea adoptó una
Constitución por la cual su territorio se convertía en una república asociada a Ucrania mediante tratados.
La vuelta a esa Constitución es la segunda opción en el referéndum del
16 de marzo convocado por el autoproclamado Gobierno de Crimea. Hasta
hoy, los primeros años de la década de 1990 han sido el único periodo en
que el separatismo ha prosperado en Crimea. Lo impulsaron
principalmente políticos como el primer y último presidente de Crimea, Yuri Meshkov,
que prometió que el territorio se uniría a Rusia, y por los militares
rusos contrarios a la división de la Flota Soviética del Mar Negro entre
Ucrania y Rusia y de la transferencia de Crimea a territorio ucranio.
En 1997, Kiev y Moscú resolvieron el conflicto a su máximo nivel. La
Flota del Mar Negro fue dividida ntre Rusia y Ucrania en una proporción
de 82 a 18. Crimea siguió siendo parte de Ucrania en calidad de república autónoma.
En la actualidad Crimea se ha vuelto a convertir en un
campo de batalla entre Rusia, que se empeña en restaurar su antiguo
imperio por la fuerza, y Occidente, con el que Ucrania desea construir su futuro democrático.
Las autoridades rusas declararon que la movilización de tropas tenía el objetivo de garantizar la integridad de los ucranianos prorrusos habitantes de Crimea y las bases rusas estacionadas allí, hasta que se normalizara la situación socio-política. Estas operaciones militares han sido rechazadas por diversos gobiernos, especialmente por Estados Unidos y miembros de la Unión Europea, quienes han declarado que Rusia ha actuado de forma contraria al Derecho internacional y han amenazado con sanciones contra dicho país si no se retira del territorio ucraniano.
Actualmente, Ucrania, (y con ella Crimea) están en el punto de mira en el paronama inernacional, debido a la tensa situacion en la que se encuentra.
En cierto sentido, la historia se repite para Crimea: el futuro de esta
tierra y de su comunidad multietnica no lo decide su gente, sino las
consecuencias de otro choque de civilizaciones.