Los origenes del conflicto se remontan a la toma de poder del Partido Baath Árabe Socialista en 1964, tras un golpe de estado. Sin embargo en 1966, otro golpe derrocó a los líderes tradicionales del partido, Michel Aflaq y Salah al-Din al-Bitar. El General Hafez al-Asad, Ministro de Defensa, tomó el poder tras una revolución en noviembre de 1970, llegando a ser el Primer Ministro. Mas tarde, en marzo de 1971, Asad se declaró a sí mismo Presidente, una posición que mantendría hasta su muerte en el año 2000. Desde entonces, la Rama Regional Siria se ha mantenido como la autoridad política dominante en un estado unipartidista.
Los ciudadanos sirios solo pueden aprobar al Presidente por referéndum y, hasta la elección parlamentaria de 2012 multipartidista controlada por el gobierno, no podían votar en elecciones para la legislatura. En 1982, en un clima de insurgencia islámica en todo el país que duró seis años, Hafez al-Asad, llevó a cabo una táctica de "tierra quemada" ( táctica militar que consiste en destruir cualquier cosa que pudiera ser de utilidad al enemigo cuando una fuerza avanza a través de un territorio o se retira del mismo) contra la política de la ciudad de Hama, para provocar una revuelta islamica de la comunidad, incluidos los Hermanos Musulmanes entre otros. Durante estas operaciones, decenas de miles de personas murieron en la masacre de Hama.
Actualmente el presidente Bashar al-Asad se encuentra en el poder desde el 17 de julio de 2000, tras el fallecimiento de su padre, Hafez al-Asad, Su partido pertenece al Frente Nacional Progresista, con mayoría en el parlamento (134 escaños), y otros nueve miembros que representan a 35 partidos políticos.
El conflicto comenzó en un principio como insurrección civil evolucionada de protestas pequeñas que empezaron en el país en enero de 2011, por influencia de la Primavera Árabe regional (movimiento que exigía grandes cambios a la mayoría de partidos politicos), la corrupción política y los abusos a los derechos humanos. El 15 de marzo las manifestaciones comenzaron a escalar, inicialmente en la ciudad de Daraa y más tarde por toda Siria. El gobierno respondió a las protestas con arrestos masivos, tortura de prisioneros, brutalidad policial, censura de los eventos y algunas concesiones. Sin embargo, las protestas continuaban en aumento. A finales de abril, Asad empezó a lanzar operaciones militares a gran escala contra los pueblos y ciudades revolucionarios. En las operaciones se usaron tanques, transportes de infantería y artillería, causando un gran número de muertes civiles como resultado.
Debido a la represión militar, muchos soldados empezaron a desertar para proteger a los manifestantes. Muchos manifestantes empezaron también a tomar las armas. El primer enfrentamiento armado se dio el 4 de juno de 2011 en la localidad de Jisr al-Shughur, cercana a la frontera con Turquía. Los manifestantes enfadados incendiaron un edificio con policías dentro. Ocho oficiales de seguridad murieron en el incendio, mientras los manifestantes asaltaban un cuartel de policía y cogían las armas. Los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad continuaron durante los siguientes días. Algunos oficiales desertaron cuando la policía secreta y los agentes de la inteligencia ejecutaron a soldados que se negaban a disparar contra civiles. Durante el mismo período, el gobierno entró en la ciudad de Hama y comenzó a asediarla utilizando tanques y bombas, lo cual fue condenado por la ONU y distintos gobiernos internacionales. El sitio de Hama ya vislumbraba tambores de guerra en Siria, al tiempo en que los muertos por la represión del gobierno se aproximab a los 2.000.
El 29 de julio de 2011, un grupo de desertores del ejército formaron el llamado Ejército Libre de Siria (ELS), el cual estaba orientado a luchar contra el gobierno para derrocarlo. Eligió como líder a Riyad al-Asaad, un desertor. La creación del Ejército Libre Sirio marcó formalmente el inicio de la resistencia armada contra el gobierno de Asad.
Las consecuencias del conflicto son muy variadas pero la principal y más trágica consecuencia de la guerra ha sido las muertes, en su mayoría de civiles. Las batallas de las ciudades y los bombardeos en zonas residenciales, han causado numerosas muertes y heridos. Para junio de 2013 más de 110.000 habían muerto en la guerra. Actualmente, se la cataloga como una de las guerras mas sangrientas del siglo XXI.
Según estudios demográficos, a mediados de 2013 se estimó que más de 2.000.000 de personas habían escapado de Siria a otras naciones y que más de 6.000 sirios huyen de su país al día. Los civiles han debido huir también desesperadamente de sus hogares para salvarse de morir en la guerra y el 50% de los refugiados son niños menores de 18 años.
Los países vecinos de Siria son los más ocupados por los inmigrantes (Jordania, EL Líbano y Turquía). En el caso de los desplazados interiores, se estima que cerca de 4.500.000 de personas se encuentran refugiados dentro del territorio sirio.
También ha causado grandes pérdidas económicas, las batallas han deteriorado sistemáticamente la economía de Siria, hasta dejarla en una etapa de crisis total que se suma al caos de la guerra civil. La inflación en el país ha aumentado un 200% dejando a la población en una situación de extrema pobreza.
El daño total a la economía de Siria se estima en más de 100.000 millones de dólares, una de las pérdidas económicas más grandes en los últimos años.
Desde que la guerra en Siria comenzó a intensificarse, los diferentes gobierno del mundo anunciaron su apoyo a uno de los bandos, lo que empezó a gestar una división política mundial entre los países que apoyan al régimen de Asad y los países que apoyan a los rebeldes. Esto se suele marcar sobre todo en las potencias globales, que son las más divididas a la hora de llegar a un consenso sobre la situación en Siria.
Los rebeldes sirios son apoyados por la mayoría de las naciones de occidente, entre las que destacan Estados Unidos, muchos miembros de la Unión Europea como Inglaterra y Francia, además de varios países vecinos del Medio Oriente como lo son Turquía, Israel, Jordania, y también naciones del Golfo Pérsico, destacando Catar y Arabia Saudi. Australia, Canadá, Japón y varios otros también condenan al gobierno y apoyan a la rebelión. La mayoría de estos gobiernos han comprometido su ayuda, en menor o mayor grado, a los rebeldes. Las potencias europeas, los estadounidenses y los países del golfo han iniciado el envío sistemático de armas a los rebeldes moderados de la Coalición Nacional Siria y el Ejército Libre Siria.
| Rojo: Aliados del gobierno sirio Verde: Aliados del ejército rebelde |
Sin embargo, otros gobiernos han comprometido su ayuda al régimen de Bashar Al–Asad, destacando principalmente Rusia e Irán, los cuales han ayuda activamente al gobierno sirio con el envío de armas y, según algunas fuentes, incluso con efectivos militares. China es otro país que ha declarado su apoyo al gobierno de Siria, manteniendo relaciones con Assad y vetando todas las resoluciones de la ONU que impliquen un castigo a Siria, al igual que ha hecho Rusia. Además, naciones como Cuba, Venezuela y Bolivia han mostrado su apoyo al régimen y han condenado cualquier acción militar en su contra.
En la actualidad, el conflicto sirio sigue en desarrollo, lo que ha dejado un total de 150.000 muertos y 3.000.000 de refugiados. Este no deja de ser uno de los mayores problemas en el panorama internacional desde hace años y en lo que respecta a hoy en día lo seguira siendo hasta que uno de los bandos cese los ataques o termine la guerra.
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