A pesar de
ser el segundo exportador textil más importante del mundo, y siendo esta
industria el principal sustento de su economía, Bangladesh posee en el sector
textil una de los salarios y condiciones de trabajo más deplorables del mundo. Y es ya la capital bangladeshi, Dacca, el caos hecho ciudad, un amasijo de edificios inacabados, amontonados sin plan urbanístico alguno, que tratan de cobijar a unos 14 millones de habitantes. Solo la mitad son residentes oficiales.
Por 54 horas de trabajo a la semana, y siempre bajo la amenaza de derrumbes como el de Rana Plaza, con mas de 430 muertos, o incendios como el de Tazreen Fashions, con 110 fallecidos, la mayoría de los trabajadores cobra el salario mínimo mas bajo del planeta; 3000 takas (algo menos de 30 euros) al mes. No obstante, como apunta Jesmin, una joven que ha estado empleada; "aunque no existen medidas de seguridad adecuadas y muchas veces no se abonan las horas extra no conceden bajas por maternidad, todo el mundo quiere trabajar, porque las condiciones laborales para decidir son escasas".
Por 54 horas de trabajo a la semana, y siempre bajo la amenaza de derrumbes como el de Rana Plaza, con mas de 430 muertos, o incendios como el de Tazreen Fashions, con 110 fallecidos, la mayoría de los trabajadores cobra el salario mínimo mas bajo del planeta; 3000 takas (algo menos de 30 euros) al mes. No obstante, como apunta Jesmin, una joven que ha estado empleada; "aunque no existen medidas de seguridad adecuadas y muchas veces no se abonan las horas extra no conceden bajas por maternidad, todo el mundo quiere trabajar, porque las condiciones laborales para decidir son escasas".
En noviembre de 2012 Tazreen, otra fabrica textil de Bangladesh, era pasto de las llamas y causaba la muerte de 112 personas. La mayoría de las victimas eran mujeres. El edificio en el que se produjo el siniestro no contaba con suficientes salidas de emergencia, las ventanas estaban enrejadas y las puertas cerradas con llave, por lo que fue imposible contener las llamas en el momento en que estas se declararon.
Lo cierto es que ni siquiera los operarios que son capaces de salvar sus vidas de accidentes como este, les espera un futuros para nada alentador. La mayoría al ver que su lugar de trabajo se vino abajo pierde su empleo y vagan por las calles reclamando la detención y condena de sus "explotadores". Por lo pronto, Soheil Rana, el propietario de Rana Plaza, ha huido ya a su país vecino, la India. Otros dos propietarios se han dado también a la fuga y por el momento solo han sido detenidas cuatro personas, dos ingenieros y dos propietarios de fabricas. También los propietarios de la fabrica de Tazreen incendiada continúan en paradero desconocido.
Bangladesh cuenta con alrededor de 5.000 fabricas textiles en las que trabajan 3,6 millones de personas (el 87% mujeres) y en las que las medidas de seguridad brillan por su ausencia. Alrededor del 78% de los ingresos generados por exportaciones en Bangladesh proviene del sector textil y muchos de los miembros del Parlamentos del país asiático son propietarios de fabrica, por lo que la ausencia de controles y la corrupción en general esta a la orden del dia en la industria textil. Una industria que antepone la codicia a la muerte.
Y es precisamente la precaria y peligrosa situación en la que se encuentras lo que ha hecho que los trabajadores de las industrias textiles bangladesies tomen conciencia de su situación y demanden una subida de salarios mínimos a los que el gobierno ha respondido con una rotunda negativa. La ultima vez que el gobierno subió los salarios a los trabajadores del sector textil fue en 2010. Ahora los obreros están demandando una subida de salarios de 8.114 takas (100 euros) a diferencia de su paga anterior que era inferior a los 3000 takas.
Aunque hasta ahora los trabajadores de las fabricas han tenido que conformarse con un incremento del 20% (lo cual correspondería a cobrar 46 euros en lugar de 30). La mayoría de analistas que han estudiado este incremento salarial han coincidido en que esta ínfima subida es una verdadera ofensa para los trabajadores bangladeshies y que con esta apenas son capaces de cubrir sus necesidades básicas.
Las
revueltas y manifestaciones han provocado que el gobierno se replantee la situación
de los obreros textiles aunque a día de hoy no se ha llegado a ningún acuerdo
que calme las insistentes peticiones de los obreros.



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